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Luis Príamo: "La foto histórica ayuda a fortalecer la identidad"

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Luis Príamo trabaja hace 40 años con fotos antiguas. Desde sus prácticos como estudiante en el Instituto de Cine de Santa Fe, donde hacía films documentales de animación con fotos antiguas, hasta la actualidad, se dedica a investigar y divulgar las obras de diversos fotógrafos que retrataron diferentes épocas del país, un legado testigo del devenir histórico que debió rescatar del olvido.

La necesidad de recuperar esas fotos surgió durante su vida universitaria, cuando junto a un compañero de estudios se encontraron sin material para encarar un práctico sobre la pampa gringa. Nos dimos cuenta que no se conservaba patrimonio fotográfico de la región. "En ese momento empezamos a trabajar para rescatar las fotografías viejas", indica Príamo.

Durante su carrera profesional, trabajó en la recuperación y puesta en valor de la obra del fotógrafo Fernando Paillet de Esperanza, en la conservación de documentos del Archivo General de la Nación y el Fondo de las Artes. Además editó libros sobre fotografía apoyado por la Fundación Antorchas.

La semana pasada ofreció una conferencia sobre su tarea en el marco de las Jornadas de fotografía, memoria e identidad. Experiencias de investigación, realizadas en el Centro de Estudios Avanzados de la UNC y compartió con Hoy la Universidad su experiencia.

-¿Por qué es importante conservar el patrimonio fotográfico?

-La foto señala lugar y suceso. Es un documento que constituye identidad. Por ejemplo, nos permite ver la transformación de Buenos Aires y reconocer que esta ciudad es hija de la modernidad. La fotografía tiene una contundencia documental que le da un carácter patrimonial y un sentido identitario muy grande.

-¿Hay algunas fotos que recuerde por su especial aporte a la consolidación de la identidad nacional ?

-La foto Casa israelita. Monigotes, de Ernesto Schlie que retrata a las dos primeras familias de colonos judíos que se asentaron en la localidad de Monigotes, Santa Fe, creo que es muy importante. Tiene un carácter densamente simbólico, captura un momento de una región, en una determinada sociedad. Además, esa foto junto a una de Buenos Aires sacada por Alejandro Witcomb fueron seleccionadas para formar parte del Pabellón de Argentina en la Exposición Universal de París en 1889, ambas simbolizaban la modernidad argentina, tanto rural como urbana.

-¿Cuándo se toma conciencia en el país de la importancia de conservar esas obras?

-El proceso de revalorización del patrimonio fotográfico toma más fuerza a partir de los -90. Sobre todo, a partir de la intervención de la fundación Antorchas que apoyó un programa de conservación de fotografías que permitió realizar trabajos en muchos archivos públicos y ampliar el conocimiento sobre el material fotográfico existente, su estado de conservación y su calidad. Además, la entidad financió libros mediante los que se difundieron fotos desconocidas hasta ese momento. También, capacitó técnicos en el museo de Kodak, donde funciona la escuela de conservadores, en Estados Unidos.

-¿Hay actualmente programas de conservación de fotos?

-No conozco ninguna institución publica o privada que se proponga actividades de la magnitud que llevó a cabo Antorchas, bajo el concepto del trabajo en el mediano y largo plazo. Los libros se editaron desde 1985 hasta 2005, 20 años ininterrumpidos. No creo que haya experiencias de edición de fotos con sentido cultural que duren tanto.

-¿Cuántos lugares de conservación de fotos existen y qué tipo de acceso tiene la gente?

-Creo que el más importante es el Archivo General de la Nación, que tiene un reservorio de acceso público y las imágenes se pueden reproducir. También hay museos en diversas provincias, donde las fotos generalmente están para consulta. La relación entre conservación y uso es un problema a resolver, en el Archivo General de la Nación el acceso a los materiales originales los está destruyendo.

-¿Cuál es la importancia de difundir fotos antiguas?

-El conocimiento de esas imágenes, que ilustran el contexto nacional y diversos lugares del país, nos da una idea de nosotros mismos tan fuerte como nos la dan con toda naturalidad las fotos de nuestras familias. Se genera una relación entre identidad y lugar que la difusión de la foto histórica contribuiría enormemente a fortalecer.

 

Actuales actividades

La Fundación Antorchas dejó de funcionar en 2005. Sin embargo, algunas de sus actividades se siguen llevando a cabo a través de la organización civil Ediciones de la Antorcha, formada por ex miembros de la fundación que obtuvieron el fondo editorial y el aval de los directivos para continuar con las tareas de recuperación del patrimonio fotográfico nacional.

Actualmente, Príamo trabaja en esa ONG y prepara un libro sobre los hermanos Samuel y Arthur Boote, los mayores productores de álbumes fotográficos del siglo XIX. El año que viene, junto a la Universidad Nacional del Litoral editará un libro con las fotos que tomaron alumnos y profesores del Instituto de Cine, cuyo patrimonio fue destruido casi en su totalidad por el gobierno de Isabel Perón y la dictadura posterior.

Por otro lado, se llevan a cabo gestiones para recuperar la colección de fotos de Antonio Cirigliano de Olavarría, que compró hace 15 años la cancillería de Italia. "Son negativos y tratamos de recuperar aunque sea copias porque son de un gran valor patrimonial para ese pueblo bonaerense". concluye el especialista.