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Estudian mamíferos con un técnica no invasiva y brindan un servicio exclusivo en América Latina

En Córdoba trabaja uno de los pocos equipos científicos de Latinoamérica especializado en este método. Presta servicios a zoológicos, centros de conservación y laboratorios. Ha trabajado con chichillas domésticas, yaguaretés, monos carayá y ciervos de los pantanos. Los análisis que implementan permiten identificar la concentración de determinadas hormonas en la orina, heces e incluso la saliva de distintos mamíferos. [29.03.2017]

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Estudian mamíferos con un técnica no invasiva y brindan un servicio exclusivo en América Latina

Ejemplar adulto de chinchilla lanigera. Fotografía gentileza del equipo de investigación.

Lucas Gianre
Por Lucas Gianre
Redacción UNCiencia
Secretaría de Ciencia y Tecnología - UNC
lgianre@secyt.unc.edu.ar

La chinchilla doméstica es un roedor desconocido para el común de las personas. Solo algunos grupos de científicos alrededor del mundo se preocupan por este pequeño mamífero, que se encuentra en peligro de extinción y cuya piel es tan sofisticada que cotiza a precios exorbitantes en el mercado internacional. Uno de estos equipos trabaja en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud (Inicsa), perteneciente a la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC y al Conicet.

Cuando los científicos estudian especies en riesgo de desaparecer, el primer paso para intentar restablecer las poblaciones naturales es conocer su biología reproductiva. A esto se abocaron los especialistas de la UNC, pero se toparon con un grave problema. Las venas de la chichilla son muy pequeñas y resultaba dificultoso extraerles sangre, sumado a que se estresan muy fácilmente. Esto impedía conocer, por ejemplo, los ciclos sexuales de la hembra o los niveles de testosterona en los machos.

Frente a esta dificultad, los investigadores del Inicsa se especializaron en una técnica que permite examinar el sistema reproductivo de los mamíferos sin tener contacto con los animales. Actualmente, son unos de los pocos equipos científicos que manejan esta técnica en América Latina y brindan servicios a zoológicos, centros de conservación y laboratorios con animales de experimentación.

Mirar sin tocar

Materia fecal de yaguarete, a partir de la cual se extraen los metabolitos hormonales. Fotografía gentileza del equipo de investigación.

El trabajo con la chinchilla resultó tener una gran potencialidad para ser replicado en otros animales silvestres o en cautiverio, e incluso con aquellos a los cuales, por su fisiología, resulta muy dificultoso practicarles extracciones de sangre. Marina Ponzio, miembro del Inicsa y principal responsable de esta línea de investigación, describe las ventajas del método: “Con esta técnica, en vez de obtener muestras de sangre, se hace un monitoreo a través de los metabolitos de las hormonas que están circulando en la sangre y que –luego de metabolizarse– pasan a la orina, la materia fecal, las plumas o la saliva de los animales”.

Conocer el estado endocrino de los organismos implica determinar cómo están las hormonas de las especies. “Dentro de la gran variedad de hormonas que regulan la fisiología animal, las esteroideas son las que regulan el eje reproductivo y tiroideo o las que tienen que ver con el estrés”, apunta la científica de Conicet y docente de la cátedra de Fisiología de la UNC. 

“Gracias a este método, pudimos empezar a trabajar con animales a los que no se les puede extraer sangre todos los días, pero sí recoger su materia fecal”, completa Ponzio.

El método se desarrolló en Estados Unidos y desde allí se importan los anticuerpos necesarios para aplicarlo. Los anticuerpos son las sustancias que permiten detectar las hormonas. “Se trata de anticuerpos policlonales, desarrollados especialmente para detectar metabolitos en materia fecal y orina, que se diseñan en la Universidad de Davis (California), y que nosotros pudimos traer a la Argentina”, completa Ponzio, que fue la primera científica argentina en viajar para especializarse en esta técnica.

 

Casos
El grupo de científicos de la UNC brindó sus servicios a numerosas instituciones públicas y privadas, trabajando con distintas especies.

El yaguareté en Corrientes | Del centro de conservación ubicado en esa provincia solicitaron al Inicsa informes sobre los ciclos sexuales de sus ejemplares de yaguareté, especie que está en peligro de extinción. Envían las muestras a Córdoba y aquí se realizaron los dosajes de hormonas sexuales (progesterona y estrógeno) para comprobar si una hembra estaba preñada y otros datos complementarios.
El mono carayá | También desde Corrientes. Miembros de un instituto científico necesitaban saber si los monos que viven en bosques en proceso de desforestación sufren mayor estrés que los que viven en un hábitat natural.
El ciervo de los pantanos | El conocido parque zoológico Temaikén, ubicado en la provincia de Buenos Aires, también contrató el servicio de los científicos de la UNC para monitorear los ciclos sexuales de sus ciervos de los pantanos que se conservan allí. Esta especie también se encuentra en peligro de extinción.
Animales de laboratorio | A varias instituciones científicas que experimentan con animales de laboratorio –generalmente ratas o ratones– también encuentran esta metodología no invasiva muy útil y práctica, ya que les permite seguir la función endocrina a largo plazo. Un caso es una línea de investigación sobre el cáncer en la Universidad de Buenos Aires (UBA), que necesitaba conocer la correlación entre estrés y desarrollo tumoral en ratones. Otro caso fue el de una institución que necesitaba determinar el nivel de progesterona (una hormona sexual) en animales que son sometidos a determinados tratamientos nutricionales.
 
Cómo leer las hormonas
Con el paso de los siglos, la ciencia fue descubriendo distintas formas en que el organismo de los mamíferos brinda información. Ello fue posible no solo por la curiosidad de científicos, sino también por el desarrollo de artefactos tecnológicos que posibilitaron la aplicación de ciertas técnicas.
Uno de los canales de comunicación con el cuerpo son las hormonas, sustancias químicas que secretan algunos órganos y terminan formando parte del material de desecho. Si bien brindan información específica y muy valiosa, el problema es poder decodificar estos mensajes.
Esa es la tarea que realizan en el Inicsa mediante ensayos bioquímicos. ¿Cómo? Se recubre una placa de plástico con anticuerpos, que es una sustancia que reaccionará contra las hormonas. Sobre esta placa se depositan extractos de las muestras de materia fecal o la orina. Luego, los anticuerpos especialmente diseñados contra estas hormonas se adhieren a las hormonas.
Para identificar esta reacción, se aplica otro anticuerpo que –luego de un tiempo de incubación– reacciona dando un color, generalmente verde. Las placas se introducen en un aparato llamado espectrofotómetro, que ofrece un mapa de la concentración de hormonas de acuerdo a la densidad de color con las que fueron “pintadas”. Finalmente se extraen los datos.

 

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