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De la expulsión de talentos a su reinserción en el sistema científico argentino

Por ALBERTO EDEL LEÓN | El 29 de julio de 1966, la Dirección General del Orden Urbano, dependiente de la Policía Federal Argentina, desalojó la sede de varias facultades de la Universidad de Buenos Aires ocupadas por profesores, estudiantes y graduados que se oponían a la decisión del gobierno militar de Juan Carlos Onganía de intervenir las universidades y eliminar el cogobierno. Este hecho pasó a la historia como “La noche de los bastones largos” debido al instrumento usado por los policías para golpear a las autoridades y manifestantes a medida que eran apresados.

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Imagen: Alberto Edel León, secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba

Esa noche fueron detenidas 400 personas y se destruyeron laboratorios, aulas y bibliotecas, pero el daño no terminó ahí: en los meses siguientes cientos de profesores fueron cesanteados, renunciaron a sus cargos o se fueron del país. Más de 300 docentes e investigadores buscaron seguir su carrera en universidades latinoamericanas, norteamericanas o europeas, provocando la desarticulación de grupos completos y el consecuente abandono de importantes equipos. El caso más impactante fue el desmantelamiento de Clementina, la primera computadora científica instalada en el país, que se había adquirido pocos años antes gracias a las gestiones de Rolando García, Manuel Sadosky y Eduardo Braun Menéndez, quienes convencieron a Bernardo Houssay para que el Conicet invirtiera alrededor de 400 mil dólares.

Hoy, 29 de julio, se cumplen 44 años de este hecho, que no fue ni el primero ni el último de los varios que incidieron para que nuestros investigadores sean más valorados por sus destacadas actuaciones en el exterior que por sus aportes al desarrollo de nuestro país.

Desde hace unos años el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación ha puesto en marcha el programa “Raíces”, que tiene por objetivo desarrollar políticas de vinculación con investigadores argentinos residentes en el exterior, así como impulsar acciones destinadas a promover la permanencia de investigadores en el país y el retorno de aquellos interesados en desarrollar sus actividades en la Argentina.

La Universidad Nacional de Córdoba ha alentado la repatriación de científicos y, como fruto del convenio que firmara con la Nación en ocasión de la visita de la Presidenta en el año 2008, ha logrado que se radicaran 22 investigadores, 19 de ellos provenientes del exterior (uno de Chile, uno de Canadá, uno de España, cinco de Estados Unidos, uno de Italia, uno de Suiza, cuatro de Francia, uno de Bélgica y cuatro de Alemania). Esto implica la incorporación de profesionales con una formación de alta calidad y con conocimiento de los más diversos sistemas científicos, que no sólo realizan un aporte en los aspectos académicos, sino que también nutren la actividad cotidiana con una mirada que cuenta con ingredientes novedosos, fruto de sus experiencias.

Para garantizar la efectiva instalación de los investigadores se han presentado 15 solicitudes de subsidio para equipamientos, insumos y gastos de funcionamiento por un monto de $ 2.600.000, tres para la adecuación de infraestructura ($ 470.500) y cinco pedidos de financiamiento para la adquisición de grandes equipos ($ 538.500). Al mismo tiempo que se han sumado 26 becarios en las actividades de investigación. Quedan como tareas pendientes optimizar el sistema administrativo y otorgar celeridad a los procesos de evaluación y adjudicación de recursos para hacer más armónica la transición.

La herida infligida aquella noche de junio de hace ya 44 años ha sangrado durante décadas. El daño provocado entonces a la universidad pública y al sistema científico y educativo de nuestro país ha significado un atraso duro de revertir. De todas maneras, el cambio de tendencia desde una política expulsiva de nuestros talentos a la generación de las mejores condiciones posibles para su formación en el exterior y posterior reinserción en el sistema científico nacional es un gran paso adelante.

El impulso de la Universidad Nacional de Córdoba a la repatriación de sus investigadores se apoya hoy en un marco de políticas favorables, pero es esta una decisión propia de largo alcance, para lo que se implementaron políticas de retención, de promoción del retorno y de vinculación con los investigadores en el exterior. Todas estas acciones se complementan con la recuperación de los presupuestos para becas y subsidios, la diversificación de las líneas de investigación incorporando temáticas prioritarias, los enfoques interdisciplinarios, los proyectos de vinculación tecnológica; en síntesis, todo un conjunto de medidas que hacen atractiva la reinserción de nuestros investigadores en la Universidad Nacional de Córdoba.


Alberto Edel León es secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba.

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